Tomar una decisión que llega al corazón y cuida a una misma se siente como un abrazo calientito, que nos derrite entre los brazos de quienes amamos quizás desde el silencio, el ruido o la premura.
Hoy soñé que me abrazabas entre las plantas, que conservabas las ilustraciones que te hice en una ola de euforia, en un momento de éxtasis y disociación de mi duelo.
En el sueño me decías ¡Vamos levantate y salúdame! ¿Por qué no me saludas como antes?. Yo me sentía sorprendida de que tuvieras tanta soltura hacia a mi cuando has sido tan indiferente. Pero sentía la ternura, me levantaba a reconocer ese calor, ese aroma, esos colores, esa piel, ese cabello, esos labios… Mi corazón tan feliz revoloteaba en el suspiro de que por fin nos reconciliamos.
Tú un reflejo de mis mayores deseos, llegar a este estado de reconciliación conmigo.
Abrazarte fuerte, algo tan vívido que me palpita el útero, que me llega la nostalgia y la sensación de tocar tierra de caracoles y acelgas hogar.
Es una sorpresa sentirte, saberte, quererte.
Mi útero palpita como enamorado, pero mi corazón le abraza y le dice ¡Es septiembre!, mientras que mi cerebro les grita ¡Reciclado de memorias no hay de otra!… Esto tiene que pasar, hay detonantes de lo que se vive a intensidad aún pase una década.
Saberte entre las plantas me consuela. Te extraño.