Renunciar

«No soy de esas personas que renuncia, soy de las que termina algo que se propone»

Hoy me atrapo esa frase…me pregunte si soy esas personas que renuncian o se comprometen a estar hasta el final.

No sé cual persona sea la mejor para cada quién pero en lo personal… Aprendí a renunciar, aprendí a ceder, aprendí a irme cuando consideraba que las condiciones no eran las óptimas, no me valoraban o simplemente no había interés ni respeto.

Renunciar es una palabra tan etiquetada como el fracaso. Es un sazón con mucha sal o sin sal. Puede ser un tropiezo, una caída, una descalabrada incluso un estigma.

Pero ¿Por qué renunciar es tan malo?
Por la moral de aguantar hasta en la sequía, el desamor, la obligatoriedad social y exigencia sin reciprocidad ni cuidado. Solo porque tiene que ser así.

No, renunciar para mi es desnudarse camino a la agua terminal. Sentirse libre por un instante y acompañada por la seguridad, el sosiego y la certeza de que decidir lo mejor para nosotras es un acto contestatario.

Renunciar es activar el sistema de alarma en el que el cuerpo se pone en alerta, la adrenalina abraza y las manos se sienten tan calientes como las piernas, para romper, correr, escapar de esa atmósfera que quiere atrapar.

Renunciar también es elegir, es aceptar lo que somos en ese momento no embona con lo que esta haciendo a fuera en esa peculiaridad cósmica. Puede ser un grupo, un proyecto, un sueño, una decisión y desistir es un acto de responsabilidad hacia nosotras.

«No soy de las que renuncia»

Yo he renunciado a amistades, grupos, colectivos, sueños, invitaciones, amantes, pasatiempos, horas de sueño, lugares, personas, encantos y desencantos, dolores y sufriendo.  Cada despedida, rápida o lenta se siente en la profundidad de mis entrañas. A veces me despierta nostalgia, otras enojo, pero cada vez que dije RENUNCIÓ, por más arrastrada que me sintiera por el huracán de mis decisiones, tras ese choque de calor y frío… descanse.

Recuerdo que una vez renuncie a una relación, sentí tanta ligereza que la lluvia terminaba siendo sorpresa en mi cara y no las lágrimas. Un proceso hormonal me abrazaba para ser resiliente y darme cuenta de que esa paz existe en mi, que si es posible y que la decisión era la adecuada.

Ahora que lo hago consciente las decisiones dolorosas o sufridas, llenas de incertidumbre y cansancio, en un inicio se sintieron como agua fría, como un nudo en la garganta, como un sol detrás de los ojos y un dolor en la nuca. Pero pasados los días, las 53 noches de aceptación y duelo. Mi vida comenzó a verse y sentirse distinta. Mis ganas de verme en el espejo y sonreír volvieron.

Pienso que vivir los duelos no es algo sencillo. Se piensa que renunciar por impulso si, pero es más trabajo de lo que pensamos. Quizás el cuerpo solo se anima para decidir. Pero quizás nuestra mente calculadora sabe que sobreviviremos a ese caos de la incertidumbre.

Renuncie

Renuncie

Renuncie

Todo el tiempo renuncia a una cosa por otra, eso jamás será mi complejo y si para alguien si. Para mi no.

Renunciar, no cumplir con lo estipulado, lo acordado, lo esperado ¿Para quién?, ¿Para qué?, ¿Por qué?… nuestra autoexisgencia es intensa.