Es la dicotomía la que me gusten actividades que implican paciencia en una rutina tan acelerada. Como el barro, el grabado, la escritura, las manualidades y la pintura, son un imán para mis neuronas. Pero las condiciones para llevarlas acabo son complejas. Por ello tengo que aplicarme, crear una planeación estratégica para canalizar mis ideas.
En ocasiones es la prisa participativa, otras veces la luna incluso mi propia paz, lo que me trae a esos lugares. Mientras eso pasa en mi vida, hay una vorágine de sucesos estruendosos que se acomodan con el día a día. Ya sea la música sobre el beat o los dedos sobre la arcilla pero todo va tomando su lugar.
Estos espacios son mi recompensa o premio por haber cumplido mis metas prioritarias. Para lo anterior tengo varios rituales:
- Orden de mi espacio creativo.
- Elegir una actividad.
- Priorizar lo que me de más calma.
- Poner música que no tenga que estar tarareando sobre todo instrumental o que desconozca para que me pueda concentrar en una sola actividad.
- Meditar previamente para estar en calma y concentrarme. Si la meditación es muy pesada entonces que sea solo escribir.
- Bañarme con plantas o poner un sahumerio.
- Hacer bocetos para diversificar mis ideas.
- Calendarizar horarios.
Esto le funciona a mi cerebro inquieto, lo ayuda y desde que descubrí que esta creatividad canalizada me puede dar momentos de hiperfoco académico. Lo practico con singularidad.
¡Inténtalo!
La pasividad de los hombres en grupos organizativos «Comunitarios».
Los hombres están acostumbrados a que les sirvamos hasta el té.
Están acostumbrados a que se les sirva la vida por encima de sus expectativas porque la sociedad dicta que tengan ese rol de ser los reyes receptores de los cuidados de las mujeres.
A cambio ellos «proveen» la parte económica pero no sé dignan en abrirse a la parte emocional o sentimental… Si esto pasa colapsarian los roles porque la sociedad amedrenta continuamente nuestros cuerpos para hacerlos caer en la ansiedad, angustia, tristeza, miedo o desolación.
La sociedad está estructurada para sobrevivirse desde un caparazón de tortuga, caracol, cangrejo etc. Pero si alguien deja la conchita y se elije vivir libre de creencias, paradigmas, uff… Castigo social.
A esto señorxs se le llama el infierno relacional

.
Elegir no vivir en el infierno relacional tiene varias consecuencias entre ellas el exilio.
El exilio es una de las violencias que se dibuja sutilmente tras poner un límite. En los grupos organizativos los hombres están acostumbrados a que les hagamos la chamba y ellos solo se paren el cuello de que gestionan o asisten pero jamas de responsabilizarse de sus formas culeras directas e indirectas.
Dejar de servirles es un gran indicador de resistencia y necesidad de una manada porque no es fácil combatir lo simbólico que atraviesa nuestros cuerpos.
Dejar de servir a esos hombres machos implica poner un límite y elegir espacios más seguros porque ellos no van a cambiar para crear un mundo igualitario ¿Cuántos años de existencia llevan sin hacerlo?
Me encanta contar a lxs amigxs que transversaliza el tema de género hasta en la mesa pero quienes no lo hacen escriben desde una mirada miope. Sin duda es la relevancia que le doy al tema porque me trastoca construirme mujer y para ellos no es un dilema construiré hombres, no les trastoca o si lo mencionan es para demostrar que andan a la moda con el discurso ¡Bienvenidos al teatro!.
Este infierno relacional nos sacude el cuerpo y nos enerva la piel, nos hace despertar en la madrugada y nos genera inseguridad pero en los grupos organizativos esto no es importante, lo importante es producir, escribir, operar, bajar las leyes a reglamentos, o simplemente seguir subsidiando al estado porque han de saber que se rinden en el cambio de la estructura…
Les resulta sencillo cualquier puesto que no implique llenarse la uñas de reflexiones sociales o de avistamientos de dicotomias…
Esto se construye en base al género y por eso mi hartazgo de trabajo en grupos mixtos. Porque existen actitudes, conductas o prejuicios como las siguientes en los grupos mixtos:
-Comparación de logros
-Exclusión por qué «no le ponen el mismo empeño las mujeres» por sus múltiples jornadas
-Comunicación desde la suposición
-Difamación, rumores y chismes
-Indiferencia
-Expectativas solo de mandar
-Falsa percepción de la autogestion
-Agresiones sexuales para la subordinación simbólica
¿Se han sentido así?
¿Que más podemos agregar?
¿De dónde brota el entusiasmo de vivir en la ciudad del despojo?
Parece que el cemento nos arranca toda conexión con la tierra,
nos eleva los pensamientos hacia la cumbre del consumo,
nos deja paralizados los sueños y nos cobija con fibras frías de insatisfacción.
¿Quienes somos para cuestionar tal destino?
¿Somos lxs dormidxs o lxs despiertxs?
¿Solo somos? Seguir leyendo Fantasmas en la Urbe. →
Las raíces de ser tierra en un cuerpo humano.